Por Ezequiel Siddig
Hay en tus sueños una voz gruesa, un murmullo casi lascivo, libidinal, que se cuela suavemente por tu almohada como la música hipnótica de un flautista. Es una voz que se relame. Parece estar precedida por un "mmm", onomatopeya de un placer entre erótico y culinario que se imprime en tu cuerpo. Esa voz te suele dedicar sin doblajes palabras en inglés: "Sweet!", "Tasty!", "Delicious!", "Divine!". Y te alegra. 
 
Es una voz que querrás volver a escuchar una y otra vez. Porque la atracción pareciera durar hasta el infinito. Y eso está reforzado porque el concepto de final de juego desapareció, ya no hay más "game over". Y entonces volvés a jugar con ella, explotando todos esos candies/caramelos como un glotón visual, sin miedo a la diabetes cibernética. Porque esperas con ansias escuchar esa voz very British para que en una mezcla de ronroneo y arenga te vuelva a decir: "¡Dulce!", "Sabroso!", ¡Delicioso!", "¡Divino!". Mmmmmm.
 
Si así es, pues has sido capturado por Candy Crush Saga, el videojuego que replica 600 millones de partidas diarias alrededor del mundo en Facebook, smartphones con Android, y otros sistemas operativos móviles como los de Apple (iPad, iPhone, etcétera).
 
En apariencia, es simplísimo. Consiste en juntar entre tres y cinco "caramelos" del mismo color para explotarlos y eliminarlos. Están dispuestos en un panel en el que van cayendo nuevas piezas a medida que se van eliminando. 
 
Un poco al modo del antiguo Tetris, con el sistema de puzzle. Es muy fácil de aprender, no necesita manuales. Irás pasando niveles. Pero para cuando te des cuenta, estarás queriendo pasar un nivel que se ha vuelto un escollo. De manera compulsiva.
 
Dicho así, no sueña tan extraño que, como ha difundido King.com -la empresa desarrolladora con sede en Londres- haya habido 190 millones de descargas desde abril de 2012, cuando se lanzó en Facebook. Según la consultora App Data, al 31 de julio de 2013 lo jugaban activamente 44 millones de personas en todo el mundo.
 
En Argentina hay más de 1,4 millón de personas que juegan al Candy Crush, es decir, un poco más del 3 por ciento de la población nacional, lo que supone en términos relativos que es el segundo país con más usuarios asiduos del mundo, después de Taiwán.